Generación del 36.- Primera generación
de posguerra, en los años cuarenta, a través de una serie de revistas poéticas,
algunas de ellas creadas y mantenidas por Falange. Tradicionalmente se
considera esta generación escindida en dos vertientes: poesía arraigada y
desarraigada, según el análisis propuesto por Dámaso Alonso.
La poesía
arraigada se centra en el canto a aquellos valores que dan asiento al poeta en
el mundo. La poesía desarraigada, por el contrario, sería aquella que se hace
eco del malestar de la humanidad ante las injusticias y las desgracias que les
ha tocado vivir. Llama la atención la abundante presencia del tema religioso,
que sirve, como ocurre con Dámaso Alonso, para rendir cuentas con el Creador de
un mundo que se desgarra. Sería un tipo de poesía comprometida con la sociedad.
Desde el punto
de vista formal, esta corriente poética está también arraigada en la tradición
poética española, y se sirve de estructuras tradicionales y clásicas como el
soneto, que abunda de manera llamativa en estos años. En cambio los
desarraigados, menos formalistas, se orientan por el superrealismo, que había
conocido un desarrollo notable en los años treinta (Poeta en Nueva York de Lorca será su máximo exponente). Del
superrealismo toman, sobre todo, las imágenes angustiosas, que les sirven a los
jóvenes poetas de posguerra para representar el clima desolado que se respira
en aquellos años; y la estructura poemática basada en el verso libre.
El más
representativo es Dámaso Alonso (Hijos de
la ira, 1944; Hombre y Dios), poeta del Grupo del 27 que,
desarrolla su mejor obra poética en estos años.
Miguel Hernández Perteneciente a la
generación del 36, aunque dada su temprana muerte su obra tuvo mayor desarrollo
en los años de la guerra civil, en que se convirtió en uno de los mejores poetas
españoles de denuncia social (Vientos del
pueblo) sin desprenderse del sentido entrañable y familiar que siempre tuvo
su poesía, como muestra su póstumo Cancionero
y romancero de ausencias.
Años cincuenta. Poesía social.- En los
cincuenta se da un paralelismo social entre la novela y la poesía. Poesía
desarraigada de carácter testimonial con pretensiones de transformar la
sociedad. Predomina el sentido ético de la fraternidad y la solidaridad,
soslayando el lirismo subjetivo que acabará por contaminar la poesía de
prosaísmo.
Se observa una
menor preocupación por los rasgos formales que por los de contenido, dirigidos
estos a mostrar la realidad del hombre situado en su mundo, su tiempo, haciendo
historia.
Los mayores
representantes son Blas de Otero con
pido la paz y la palabra y Gabriel
Celaya con cantos Iberos, procedentes
de la generación anterior.
Poesía social. Promoción de los sesenta.-
Dentro de la poesía social surge en los años sesenta un grupo pretende devolver
a la poesía la calidad estética y la autenticidad que había perdido, y además
le dan un nuevo carácter crítico y moral que les lleva a usar la poesía como
vehículo de investigación social. Destacaremos a Gil de Biedma y Ángel Ferraté.
Años setenta. Los “Novísimos”.-
Representada por una nueva generación, la del 68, poetas que no conocieron
personalmente la guerra civil y la ignoran deliberadamente. La estética está a
favor de las formas tradicionales y de la escritura automática, de aparente
descuido. El detonante será otra antología de Castellet, Nueve novísimos poetas españoles.
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