Años cuarenta.- Respecto a la novela posterior a la guerra
civil nos encontramos, como en los demás géneros literarios, una división clara
por décadas.
En los años
cuarenta nos encontramos una actividad de gran precariedad, producto de la
dispersión y el exilio. Dentro de nuestras fronteras será el sector falangista
del nuevo régimen el que se impondrá la tarea de reconstruir el ambiente
literario fomentando la creación desde sus revistas e instituciones, con miras
a favorecer sus intereses ideológicos.
En lo que
respecta a nuevas incorporaciones en la novela, encontramos a los que se dedican a narrar la guerra civil desde el
lado de los vencedores predominando el belicismo, la exaltación de la guerra
como agente purificador de la sociedad decadente. Destacamos a Rafael García
Serrano con La fiel infantería. En el
exilio se observará la tendencia contraria.
Otra
vertiente será la novela de corte realista, psicológica, más o menos escapista
frente a la dolorosa situación de posguerra como Torrente Ballester con Javier Mariño
Por último, la tendencia tremendista recoge al más
interesante grupo de narradores. El tremendismo es un fenómeno que recuerda al
naturalismo y que tiende a un desquiciamiento
de la realidad, con una sistemática presentación de hechos desagradables e
incluso repulsivos. El iniciador de esta corriente es Camilo José Cela con La familia de Pascual. También podemos
destacar Carmen Laforet con Nada.
Generación
del medio siglo. Realismo social.- En los años cincuenta nos encontramos
con la generación del medio siglo formado por escritores que vivieron el
conflicto bélico como una experiencia de infancia. El panorama literario es
ahora más rico y variado, con influjos diversos procedentes de la escritura
exterior.
Su desarrollo se suele considerar entre La colmena de Cela y Tiempo de silencio de Martín Santos, que
iniciaría la corriente experimental. Y dos tendencias: la neorrealista,
continuadora en cierto modo del realismo existencial de los cuarenta, aunque
centrada ahora en el personaje colectivo más que en el individual, con marcada
tendencia objetivista,; y la del realismo crítico o social, que se pretende
usar como un instrumento de combate ideológico.
Destacamos a Miguel Delibes con El camino y a Rafael Sánchez Ferlosio con El Jarama.
En la corriente social destacamos a Jesús López
Pacheco con obras como Central eléctrica.
La novela
experimental.- En los años sesenta nos encontramos con el desarrollo de la
novela experimental que supone una superación del realismo convencional
apoyando un realismo que emplee un planteamiento subjetivo de la realidad. Se
abandona el drama de la guerra para atender con preferencia a las limitaciones
que la situación plantea al individuo.
Comienza con tiempo de silencio de Luis Martín Santos.
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